VIII

hay un arco
que empieza con la muerte
y termina con la muerte,
pero nadie más lo ve.

¿será que me estoy volviendo loco?

hay un arco,
lo veo claramente
atravesando el tiempo,
conectando los puntos, los momentos.
rompiendo con la continuidad, está ahí,
un arco
proyectándose
desafiante y temerario.
hablándome
como un susurro,
como un mensaje,
hay un arco pero nadie más lo ve.
pero nadie más lo oye.
y yo no puedo ver nada más
que el arco.

¿será que me estoy volviendo loco?

¿será que imagino, que sueño?
¿que busco medios y motivos
para no estar aquí?
porque aquí es triste, es duro,
es horrible.
aquí es horrible, serpenteante y circular,
y allí, por lo menos,
es desconocido.
es un arco.
un segmento de circunferencia
con principio y con final
(pero si todo tiene principio y final
excepto el tiempo,
que tiene que ser ambos
para que ambos puedan ser.)
una invitación, una propuesta
para empezar un viaje.
para tomar distancia
por encima del tiempo,
para ganar
velocidad.

un arco,
una tajada de círculo,
lo veo,
claramente,
empezando y terminando con la muerte,
empezando y terminando
tan llenos de vida.
es tan hermoso.
es tan hermoso
que no quiero verlo yo solo,
no quiero viajar yo solo,
pero el arco es solo mío, solo existe para mí.
estas muertes son solo mías.
estas nostalgias solo existen
para mí.

la muerte solo existe para los vivos
(pero qué bonito sería
si es que no fuera así.)

veo un arco que se cierra
y tengo miedo.
tengo miedo de no no cagarla.
tengo miedo de no no jugármela.
tengo miedo
del arco que se cierra,
de la invitación, del desafío,
de la promesa no hecha
pero no no hacible.

tengo miedo
y solamente por eso
creo que no estoy loco.