VI

Azrael

por la noche, cuando todos dormían
recibí la visita de Azrael.
elegante y respetuoso
se sentó junto a mi cama
y tomó mi mano.
sus ojos estaban bañados en lágrimas
pero sonreía
con la calma que solo pueden tener
los inmortales.
sonreía y me miraba
entre atónito y conmovido,
como quien sabía cuál sería mi destino
sin ser capaz de comprenderlo,
como quien perdona la vida de una hormiga
sabiendo que ella no podría agradecerlo.

¿por qué has venido a verme,
tú, Azrael,
si no es para hacer las de Virgilio
en mi paseo hacia Otro Lugar?

Azrael me miró, conmovido,
y se secó los ojos.
detrás de sus lágrimas podía verlo todo
pero no podía comprender nada.
la vida entera existía en su mirada,
toda el mismo tiempo,
toda en simultáneo,
y toda ella se me resistía
como algo prohibido.
como algo impropio de los míos,
de los que mueren.

no es mi lugar ser tu Virgilio,
ni tu Caronte,
no he venido para ser tu profeta
ni tu arcángel.
no puedo guiarte a Otro Lugar,
ni yo ni nadie,
porque no lo hay.
no puedes ver dentro de mis ojos
porque no los tengo.
yo solo puedo ser
lo que tú quieras que yo sea.
yo solo puedo hacer
lo que tú quieras que yo haga.

¿tú, Azrael,
que pasas tu tiempo entre los inmortales,
qué puedo querer yo que tú seas?
¿qué puedo querer yo que tú hagas?
yo,
que soy parte de la estirpe
de los que mueren,
yo,
que en tus ojos apenas si puedo ver
una fracción de todo lo que has vivido.
yo
que yazco aquí como una sombra,
como un vestigio,
que me muevo por el mundo
como un espectro.
como un recuerdo.

el mensajero apretó mi mano
y me besó en la frente,
y entonces fui un niño.
y me movía lentamente por un mundo
de gigantes
que me querían, y pude sentir
que me querían, y pude sentir
que me miraban, y pude escuchar
que me hablaban, y entonces
fui un adolescente.
y sentí las emociones más fuertes
que jamás había sentido
y los miedos más intensos
que jamás había tenido,
y entonces fui un adulto.
y me movía lentamente por un mundo
por lo demás incomprensible,
insensato, inabarcable, injusto.
un mundo por lo demás injusto.
y entonces me vi a mí mismo envejecido,
rodeado de un mundo que yo había creado.
al que yo había dado forma.
lo vi infinito, inabarcable,
y me asombré.
yo,
que soy parte de la estirpe
de los que mueren.
yo,
Azrael, he creado todo esto.

el mensajero asintió con la cabeza
sin poder contener las lágrimas.

tú,
que pasas tu tiempo
entre los que se acaban,
no conoces,
no podrías conocer
la envidia que nos consume
a nosotros, los inmortales,
que vivimos por siempre,
que lo observamos todo,
y no podemos en toda la eternidad
hacer eso que ustedes hacen.
la envidia porque nosotros
no podemos crear mundos,
sino tan solo viajar por todos aquellos
que ustedes crean para ustedes mismos.
humano,
tú crees lógico envidiarnos
lo que para nosotros es un absurdo.
pues pagaríamos el precio de la muerte
infinitas veces,
si significara poder probar
la experiencia de la creación.

entonces entendí
que Azrael no había venido a buscarme,
que no me llevaría a Otro Lugar
porque no lo había.
que no traía verdades reveladas,
sino sus propias preguntas.
el mensajero coleccionaba mundos ajenos,
que podía visitar infinitas veces,
pero nunca cambiar.
entonces entendí,
y apreté yo su mano.
miré yo sus ojos.
besé yo su frente.

tú,
que pasas tu tiempo entre los inmortales,
déjame contarte el secreto de mi mundo:
el mundo que yo he creado,
Azrael,
está incompleto.
y estará siempre incompleto.
porque es trabajo de otros
de mi estirpe,
de los que mueren,
hacerlo suyo, hacerlo otro, hacerlo propio.
mi secreto, Azrael,
es que no podré nunca terminar mi obra.
no podré llenarla de criaturas fantásticas
que nadan en su mares
y vuelan por sus cielos.
no podré llenarla de misterios y aventuras
para mi propio entretenimiento.
mi mundo, Azrael,
mi mundo es infinito y es inabarcable,
pero es también incompleto.

el mensajero me miró con una mezcla
de ternura y confusión.
entonces entendí
por qué había venido.
entonces entendí.
entonces entendí.

¿qué piensas
tú,
que vives entre los que mueren,
que podría faltarle a tu mundo?

entonces entendí.

vamos, Azrael.
vamos a ir en busca de unicornios.