IV

los momentos más importantes
ocurren siempre en los lugares menos idóneos.
la vida no se define,
no se juega en salas de directorio,
escenarios de auditorio,
ni basílicas góticas.
la vida se juega en salas de espera,
en playas de estacionamiento, en pollerías.
la vida es menos sunset en la playa,
menos botella de champán,
más estaciones de transporte público,
colas de supermercado,
taxis en medio de la madrugada
volviendo a casa
estupefacto por la resaca moral
que se anuncia, inminente.
definimos lo que somos y lo que queremos
en salones de buffet de chifa,
en agencias de bancos y estaciones de servicio.
la vida se juega en los tránsitos
que quisiéramos ver como ir de un lado a otro,
pero el observador perspicaz sabrá notar
que no hay otro lado,
no hay después ni en un ratito.
tenemos tránsitos, pollerías y colas de supermercado,
tenemos salas de espera y
viajes en avión, largos, inútiles.
no vamos a ninguna parte para definir lo que somos.
somos ir. somos tránsitos y pollerías
y así,
sin pena ni gloria,
es que nos lo jugamos todo.