III

al principio, al final,
todo es mundano.
nos escondemos detrás de creencias
e ideologías
que blandimos como escudos,
como armaduras,
porque en el mediante y durante
matamos y morimos
por nuestros compromisos filosóficos.
¿y cómo no?
¿cómo no arrogarnos el derecho
a insuflarnos de trascendencia,
de querer ser más que
átomos formando moléculas
formando compuestos formando células
formando tejidos formando órganos
formando organismos
que desean, temen, aman, pierden,
cagan, comen, cogen,
recuerdan y son recordados?
olvidan.
y son olvidados.
¿cómo no aspirar
a ser algo más que un momento efímero
en la gran continuidad del todo?
pero al final,
tal como al principio,
todo es mundano.
somos mundanos. soy mundano
y no hay compromiso filosófico
que me defienda de ser corroído
por la inmanencia de la oxigenación.
el mundo, el aire nos incinera
a veces lento, a veces no tanto,
y mientras tanto,
deseamos.